Guerra y Paz

Guerra y Paz

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Pronunciadas estas palabras con voz conmovida, Alejandro se volvió como si deseara esconder a Michaux las lágrimas que brotaban de sus ojos y se dirigió al fondo de su gabinete. Allí quedó unos momentos, y después, con grandes pasos, volvió junto a Michaux, y, con energía, le apretó el brazo por debajo del codo. El hermoso y dulce rostro del soberano estaba rojo y sus ojos brillaban de resolución y cólera.

—Colonel Michaux, noubliez pas ce que je vous dis ici; peut-être qu'un jour nous le rappellerons avec plaisir… Napoléon ou moi— dijo Alejandro, llevándose la mano al pecho. —Nous ne pouvons plus régner ensemble. J'ai appris à le connaître, il ne me trompera plus…[567]

Y frunciendo de nuevo el ceño, calló.

Al escuchar tales palabras y ver la expresión de firme resolución en los ojos de Alejandro, Michaux, quoique étranger.; mais Russe de coeur et d’âme, se sintió en tan solemne instante enthousiasmé par tout ce quil venait d’entendre (así lo dijo después), y con las siguientes palabras expresó sus propios sentimientos y los del pueblo ruso, de quien se sentía representante:

—Sire, Votre Majesté signe dans ce moment la gloire de la nation et le salut de l'Europe.[568]

Con una inclinación de cabeza el Emperador despidió a Michaux.


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