Guerra y Paz

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Durante toda la velada Nikolái demostró especial atención por una dama rubia de ojos azules, regordeta y linda, esposa de un funcionario de la provincia. Con esa ingenua convicción que muestran los jóvenes juerguistas de que las mujeres de los demás están hechas para ellos, Rostov no se apartaba de aquella dama, mostrándose al mismo tiempo muy simpático y un tanto cómplice del marido. Como si supiesen, aunque de ello no se hablaba, lo bien que lo pasarían, es decir, Nikolái con la esposa de aquel marido. Sin embargo, el marido no parecía participar de esa opinión y se esforzaba por mostrarse frío con Rostov. Pero la bondadosa ingenuidad de Nikolái era tan ilimitada que, a veces, el marido se dejaba influir involuntariamente por el alegre humor del joven. Hacia el término de la velada, sin embargo, a medida que el rostro de la esposa se encendía más y se tornaba más animado, el del marido parecía hacerse más triste y serio, como si la animación fuese común para ellos dos y la del marido disminuyera conforme aumentaba la de su esposa.







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