Guerra y Paz
Guerra y Paz Nikolái guardó silencio. Le era grato escuchar aquellas conclusiones. Después de una pausa, dijo suspirando:
—De todas maneras, ma tante, no puede ser. Y aún queda por ver si la princesa me quiere. Además está de luto. ¿Es que podemos pensar en estas cosas?
—¿Crees, acaso, que lo haré inmediatamente? Il y a manière et manière[571]— lo tranquilizó la gobernadora.
—¡Qué buena casamentera es usted, ma tante!…— dijo Nikolái besando su regordeta mano.