Guerra y Paz
Guerra y Paz Los Rostov hicieron el primer descanso en el monasterio de Troitsa. En la hospederÃa del monasterio les reservaron tres amplias habitaciones, una de las cuales quedó destinada al prÃncipe Andréi, que se encontraba muy mejorado aquel dÃa. Natasha estaba con él. En el cuarto vecino se hallaban los condes conversando respetuosamente con el abad, quien habÃa acudido a saludar a sus viejos amigos y protectores. Sonia estaba con ellos, pero la atormentaba la curiosidad de conocer la conversación entre Natasha y Andréi. OÃa sus voces a través de la puerta que se abrió de pronto y Natasha, muy emocionada y sin fijarse en el religioso que se habÃa levantado para saludarla recogiéndose la amplia manga de su hábito, se acercó a Sonia y la tomó por el brazo.
—¿Qué te ocurre, Natasha? Ven aqu× dijo la condesa.
Natasha se acercó a recibir la bendición del abad, que le aconsejó implorar ayuda a Dios y a los santos.
Cuando el abad se fue, Natasha llevó a Sonia a la habitación contigua, donde no habÃa nadie.
—¿Sonia, verdad que vivirá? ¿Verdad que s� ¡Qué feliz y qué desgraciada soy, Sonia querida! Todo sigue como antes: lo único que quiero es que viva. Él no puede… porque… porque… por…— y Natasha se echó a llorar.
—¡SÃ! ¡Gracias a Dios! ¡Lo sabÃa! ¡Vivirá!— exclamó Sonia.