Guerra y Paz
Guerra y Paz Al llegar al cuerpo de guardia, el oficial y los soldados que habían detenido a Pierre lo trataron con hostilidad, pero con respeto. Aún dudaban de quién se trataba (tal vez fuera un personaje importante) y la actitud belicosa que adoptaron se debía a su reciente forcejeo con él en la calle.
Pero al día siguiente, cuando se hizo el relevo, Pierre se dio cuenta de que no tenía ya la misma importancia para los soldados y oficiales de la nueva guardia, que no veía en aquel hombre alto y grueso vestido con un caftán de mujik al valiente que había luchado tan desesperadamente con el merodeador y los soldados de la patrulla, ni al que había pronunciado aquella frase solemne sobre la salvación de una niña; ahora sólo veían en él al número diecisiete de los rusos detenidos por orden de las autoridades superiores. Lo que llamaba la atención en Pierre era su aire decidido, concentrado y pensativo y su conocimiento del francés, que hablaba perfectamente para gran asombro de los franceses. Aquel mismo día, a pesar de ello, juntaron a Pierre con los otros sospechosos porque un oficial necesitaba la habitación en que lo habían alojado al principio.
Todos los rusos detenidos con él eran personas de la más baja condición. Al reconocer en Pierre a un señor, lo rehuían, más que nada por saber francés. Pierre oía con tristeza cómo se burlaban de él.
