Guerra y Paz
Guerra y Paz Durante todo aquel tiempo sólo lo preocupaba un pensamiento. Se preguntaba quién era el que, en última instancia, lo había condenado a morir. No eran los hombres que lo habían interrogado primero; ninguno de ellos parecía quererlo y, sin duda, ninguno tenía autoridad para hacerlo. Tampoco podía ser Davout, quien le había dirigido una mirada llena de humanidad. Un minuto más y Davout habría comprendido que obraban mal; la entrada del ayudante de campo lo echó todo a perder. No es que el ayudante le deseara mal alguno, pero no podía dejar de entrar. ¿Quién era, entonces, el que había condenado a Pierre y le arrancaba la vida con todos sus recuerdos, aspiraciones, esperanzas y proyectos? ¿Quién? Y Pierre se daba cuenta de que no era ninguno.
Todo aquello era resultado del orden establecido y de un conjunto de circunstancias.
Un cierto orden era el que lo mataba, le quitaba la vida y lo destruía.