Guerra y Paz
Guerra y Paz —Creo que ya tendrás ganas de dormir, ¿verdad?— y se persignó rápidamente mientras murmuraba: —Señor mÃo Jesucristo, santos Nicolás, Frol y Lavr, Señor mÃo Jesucristo, perdónanos y sálvanos— concluyó. Se inclinó hasta tocar el suelo, se irguió, suspiró y se sentó en la paja. —Dios mÃo, haz que duerma como una piedra y me levante hecho un pimpollo— murmuró aún mientras se acostaba y se cubrÃa con su capote.
—¿Qué plegaria has rezado?— preguntó Pierre.
—¿Eh?— preguntó Platón (casi estaba dormido). —¿Qué recé? He rezado a Dios. ¿Tú no rezas?
—SÃ, también yo rezo. ¿Qué decÃas de Frol y Lavr?
—¡Pues cómo!— contestó con vivacidad Platón. —Son los patronos de las caballerÃas. También hay que tener piedad de las bestias. ¡Ah, bribona!, ¿has vuelto? Ya te has calentado, hija de perra…— dijo pasando la mano por el lomo de la perra, que se habÃa acurrucado a sus pies.
Y volviéndose, se quedó dormido.