Guerra y Paz
Guerra y Paz Tenía la misma sensación que si hubiera sufrido un castigo corporal y le era imposible contener los gritos de cólera y dolor. Pero pronto decayeron sus fuerzas; miró en derredor y, dándose cuenta de que se había excedido hablando, subió al coche y volvió atrás en silencio.
Ese arrebato de cólera no se repitió y Kutúzov, parpadeando débilmente, escuchó las excusas y justificaciones de Bennigsen, Konovnitsin y Toll (Ermólov no se presentó hasta al otro día), quienes insistieron en que al día siguiente se realizaría la frustrada ofensiva. Y Kutúzov tuvo que acceder de nuevo.