Guerra y Paz
Guerra y Paz Entretanto, de acuerdo con la orden de operaciones: “Die erste Colonne marschirt”, etcétera, los regimientos de infantería de las columnas rezagadas, mandadas por Bennigsen y dirigidas por Toll, salieron según lo indicado y llegaron a un sitio, pero no al señalado en la orden, sino a otro. Como de costumbre, el buen humor de los soldados, que habían partido tan alegres, comenzó a decaer. Se oían palabras de descontento, era evidente la confusión de los mandos; avanzaron, pero hacia atrás. Ayudantes y generales galopaban de un lado a otro, gritaban coléricos, se peleaban, decían que no se iba hacia donde era necesario y que llegarían tarde, reñían a alguien, etcétera, y, finalmente, terminaron por dejar que las cosas siguieran su curso. “A un sitio o a otro llegaremos.” Y, en efecto, llegaron, pero no al lugar que debían. Y los pocos que acertaron llegaron demasiado tarde para, sin provecho alguno, ponerse al alcance de las balas enemigas. Toll, que hacía en esta batalla el mismo papel de Weyrother en Austerlitz, galopaba de un lugar a otro y en todos los sitios se encontraba con lo contrario de lo previsto en la orden. Se encontró así con el cuerpo de ejército de Baggovut en pleno bosque, ya avanzada la mañana, cuando habría debido encontrar hacía tiempo a Orlov-Denísov. Irritado y molesto por el fracaso, y suponiendo que la culpa de todo debía atribuirse a alguien, Toll reprochó severamente al jefe del cuerpo diciéndole que merecía ser fusilado. Baggovut, un viejo general curtido en las batallas, siempre tranquilo, cansado también de tantas paradas, confusiones y órdenes contradictorias, contestó furioso a Toll (con asombro de todos y en contradicción con su carácter) diciéndole muchas cosas desagradables.