Guerra y Paz
Guerra y Paz Pero, cosa extraña, todas esas disposiciones, proyectos y planes, que no eran peores que los adoptados en ocasiones semejantes, no llegaban al fondo de la cuestión, sino que, como agujas de un reloj separadas de su mecanismo, giraban arbitrariamente, sin objetivo, al margen de los engranajes.
Desde el punto de vista militar, ese plan genial de campaña del que Thiers dice “que son génie n'avait jamais rien imaginé de plus profond, de plus habile et de plus admirable”[588] y con motivo del cual polemiza con Fain, intentando demostrar que el plan fue redactado el 15 de octubre y no el día 4, ese plan jamás fue realizado ni podía serlo porque nada tenía que ver con la realidad. La fortificación del Kremlin, para lo que había que destruir la Mosquée (así llamaba Napoleón a la catedral de San Basilio), resultaba absolutamente inútil. La colocación de minas bajo sus muros sirvió exclusivamente para cumplir el deseo de Bonaparte de volar el Kremlin al salir de Moscú. Era, por decirlo así, como pegarle al suelo donde el niño se había hecho daño.
La persecución del ejército ruso, que tanto preocupaba a Napoleón, fue algo inaudito. Los jefes militares franceses perdieron el rastro de sesenta mil hombres y, según palabras de Thiers, sólo gracias al arte y también al genio de Murat fue posible encontrar ese ejército perdido como si se tratara de una aguja.
