Guerra y Paz
Guerra y Paz Boljovitínov estaba contando lo que sabía y calló, a la espera de las órdenes del Serenísimo. Toll trató de decir algo, pero Kutúzov lo interrumpió. Intentó hablar, pero su rostro se contrajo, agitó la mano en dirección a Toll y se volvió al lado opuesto, hacia el rincón sagrado de la isba, negra de iconos.
—¡Mi Dios, mi Creador! Tú has oído nuestras plegarias…— dijo, con voz temblorosa, uniendo las manos. —¡Rusia está salvada! ¡Gracias, Señor mío!— y rompió en sollozos.