Guerra y Paz
Guerra y Paz Imaginémonos a dos hombres que, de acuerdo con todas las reglas de la esgrima, se baten en duelo a espada; el combate se prolonga; de pronto, uno de los adversarios, al sentirse herido, comprende que no se trata de un juego, sino de su vida, y abandona entonces la espada, empuña el primer garrote que encuentra a mano y comienza a usarlo contra su enemigo. Imaginémonos ahora que el contrincante herido, quien, juiciosamente, elige el medio más sencillo y eficaz para acabar con su enemigo, fuese fiel a las tradiciones de la caballería y en su deseo de ocultar la realidad insistiese en haber vencido con la espada de acuerdo con todas las reglas de la esgrima. ¡Es fácil imaginar la confusión y el desconcierto que habría producido semejante descripción del duelo!
Francia era el adversario que exigía una lucha de acuerdo con las reglas de la esgrima; Rusia fue quien sustituyó la espada por el garrote. Y quienes tratan de explicarlo todo según las reglas de la esgrima son los historiadores que han descrito aquellos acontecimientos.
Después del incendio de Smolensk comenzó una guerra que no tiene parangón posible con ninguna otra de las conocidas hasta entonces. El incendio de ciudades y aldeas, la retirada después de los combates, la batalla de Borodinó seguida de un nuevo repliegue, el incendio de Moscú y la caza de merodeadores, la intercepción de los convoyes, la guerra de guerrillas, todo se hacía al margen de las reglas.