Guerra y Paz
Guerra y Paz De la misma manera, delante de Shámshevo, Dólojov reconocería el camino para saber a qué distancia se encontraban las otras tropas enemigas.
Se suponía que eran mil quinientos los hombres que custodiaban el convoy. Denísov contaba con doscientos y Dólojov podría tener otros tantos. Pero a Denísov no lo inquietaba la superioridad numérica del contrario. Lo único que aún necesitaba saber era con qué tropas iba a encontrarse. Para ello necesitaba capturar una lengua (es decir, alguien de la columna enemiga). En el ataque de la mañana, para desatascar dos furgones, todo se había hecho tan rápidamente que no quedó vivo ni un solo francés: sólo un muchacho, un tambor, salvó la vida, pero nada podía decir en concreto sobre las tropas que formaban la columna.
Denísov creía peligroso atacar por segunda vez; no era oportuno inquietar a toda la columna; por esta razón envió a Shámshevo a un mujik de su grupo, Tijón el Mellado, para que capturara, si era posible, a cualquiera de los aposentadores franceses destacados en el pueblo.