Guerra y Paz
Guerra y Paz Después del tambor francés, al que por orden de Denísov sirvieron vodka y cordero y vistieron con un caftán ruso para no mandarlo con los prisioneros y que se quedara en el destacamento, la atención de Petia se vio atraída por la llegada de Dólojov.
En el ejército había oído hablar mucho del extraordinario valor de Dólojov y de su crueldad con los franceses; por eso, desde la entrada de Dólojov en la isba, sin apartar de él la vista, asumió un aire de importancia, con la cabeza en alto, para no parecer indigno de semejante compañía.
El aspecto de Dólojov sorprendió a Petia por su sencillez.