Guerra y Paz
Guerra y Paz Ya de bajada, junto al puente, Petia y Dólojov pasaron ante el centinela, que, sin pronunciar palabra, siguió malhumorado su guardia a un lado y a otro. Por último, llegaron a la vaguada donde les esperaba el cosaco.
—Bueno, ahora adiós. Avisa a Denísov que será al alba, al primer disparo— dijo Dólojov.
Y quiso seguir adelante; pero Petia lo agarró del brazo.
—¡Oh! ¡Qué héroe es usted! ¡Qué bien! ¡Qué magnífico!
¡Cuánto lo quiero!
—Bueno, bueno…— dijo Dólojov.
Pero Petia no lo dejaba marchar, en la oscuridad vio que el joven se inclinaba a él para besarlo. Dólojov le dio un beso, se echó a reír y, volviendo grupas, desapareció en la noche.