Guerra y Paz

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XIV

—À vos places!— gritó de improviso una voz.[615]

Entre los prisioneros y soldados de la guardia hubo un movimiento de alegre agitación y espera de algo agradable y solemne. Por todas partes se oían voces de mando y a la izquierda, dejando atrás a los prisioneros, pasaron unos jinetes al trote, bien vestidos y montados en magníficos caballos. En todos los rostros había esa expresión forzada que suele notarse en las personas cuando se saben cerca de los jefes superiores. Echaron a los prisioneros, reunidos en grupo, del camino donde formaron los soldados de la guardia.

—L'Empereur! L'Empereur! Le maréchal! Le Duc!

Tan pronto desfiló la bien alimentada escolta, en medio de un enorme ruido pasó una carroza enganchada en reata por caballos grises. Pierre entrevió el rostro reposado, bello, grueso y blanco de un hombre con tricornio. Era uno de los mariscales. Su mirada se detuvo en la alta figura de Pierre; y en el gesto con que frunció el ceño y volvió el rostro Pierre creyó notar la compasión y el deseo de ocultarla.

El general que dirigía el convoy, con la cara roja y asustada, espoleaba a su flaco caballo y galopaba detrás de la carroza. Algunos oficiales se habían reunido y los soldados los rodearon. Todos mostraban la misma excitación e inquietud.


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