Guerra y Paz
Guerra y Paz Cuando las celosas voces que llamaban al jefe de la tercera compañía llegaron a su destino, convertidas en el “general a la tercera compañía”, apareció el oficial buscado y aunque ya era hombre de edad y no muy habituado a correr se dirigió al trote, tropezando con frecuencia, hasta donde el general se encontraba. El rostro del capitán expresaba la inquietud del escolar a quien se exige que explique una lección mal aprendida. En torno a la nariz rojiza (muestra evidente de falta de sobriedad) aparecieron manchas de idéntico color; sus labios temblaban. El comandante del regimiento miraba al capitán, de pies a cabeza, mientras el oficial avanzaba, todo sofocado, aminorando la marcha conforme iba llegando.
—¡Dentro de poco vestirá a sus soldados con sarafanes, capitán! ¿Qué significa eso?— gritó el comandante del regimiento, alargando su mandíbula inferior y señalando a un soldado de la tercera compañía, cuyo capote era por su calidad y color diferente del de los otros soldados. —¿Dónde se había metido? ¡Estamos esperando al comandante en jefe y abandona su puesto! ¿Eh?… ¡Ya le enseñaré como deben vestirse los soldados para una revista!…
El capitán, sin apartar los ojos de su superior, apretaba cada vez más los dedos contra la visera de su gorra, como si en ese contacto hallara en aquellos momentos su propia salvación.