Guerra y Paz
Guerra y Paz Mientras estaban solas no sufrían ni sentían ofensa alguna. Hablaban poco entre sí, y cuando lo hacían era sobre cosas insignificantes. Una y otra rehuían por igual todo cuanto tuviese relación con el porvenir.
Admitir la posibilidad de un futuro les parecía una ofensa a su memoria. Con mayor cuidado aún evitaban en sus conversaciones cuanto se relacionaba con el difunto. Se les figuraba que lo vivido y sentido por ellas no podía expresarse con palabras y que cualquier mención detallada de la vida de Andréi violaba la grandeza y la santidad del misterio que, por un instante, se les había revelado.
La constante reserva que a sí mismas se imponían en sus conversaciones, la omisión sobre cuanto pudiera referirse a su persona, las perpetuas interrupciones al acercarse al límite de lo que no se podía decir, evocaban, en su mente, con mayor claridad y pureza, lo que sentían.