Guerra y Paz
Guerra y Paz Una dulce tristeza la invadía y los ojos se le llenaban ya de lágrimas. Pero, de súbito, se preguntaba: “¿A quién digo esto? ¿Dónde está? ¿Y quién es él ahora?”. Una cruel y dura perplejidad velaba de nuevo su visión: con el ceño fruncido miraba intensamente hacia donde él había estado. Le parecía que de un momento a otro desentrañaría aquel misterio… Pero en el justo instante en que se le iba a revelar lo incomprensible, el ruido violento del picaporte de la puerta al abrirse hirió dolorosamente su oído. Rápidamente, sin precauciones, con aire asustado, entró la doncella Duniasha.
—Pronto. Venga usted…— dijo Duniasha con una expresión de susto en el rostro. —Vaya a ver a su padre… Una desgracia. Piotr Ilich… una carta…— dijo sollozando.