Guerra y Paz
Guerra y Paz —Eso es; anteayer topamos con ellos, pero no hubo nada. Antes de acercarnos tiraron los fusiles y se nos entregaron de rodillas. “Pardon”, decían. Cuentan que Plátov ha cogido dos veces a Polion en persona… Cogerlo, lo coge, sí, lo tiene en sus manos, pero se convierte en pájaro; vuela y desaparece. Tampoco hay orden de matarlo.
—Te miro, Kiseliov, y me admiro de cuánto vales para decir embustes.
—Nada de embustes. Es la pura verdad.
—Si por mí fuese lo cogería, lo enterraría vivo y le clavaría una estaca de pino. ¡La de gente que ha matado!
—¡Como sea, acabaremos con él! Dejará de pelear— bostezó el soldado viejo.
Cesó la conversación y los soldados se fueron preparando para pasar la noche.
—¡Mira cuántas estrellas! ¡Cómo brillan! ¡Fíjate: parecen mujeres que han tendido la ropa!— exclamó un soldado admirando la Vía Láctea.
—Eso, muchachos, es señal de cosecha abundante.
—Necesitaremos más leña.
—Se te calienta la espalda y la tripa se te hiela. ¡Qué cosas pasan!
—¡Ay, Dios mío!
—¿Por qué empujas? ¿Crees que el fuego es sólo para ti? ¡Se ha echado cuan largo es!