Guerra y Paz

Guerra y Paz

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Cuando Morel hubo bebido vodka y comido una cazuela de gachas, pareció presa de una morbosa alegría y comenzó a hablar a los soldados, que no lo entendían. Ramballe había rechazado la comida y, en silencio, yacía junto al fuego, apoyado en un codo, mirando a los rusos con ojos enrojecidos y extraviados. De vez en cuando dejaba escapar un prolongado gemido y volvía a su silencio. Morel, señalando sus hombros, quería dar a entender que su compañero era un oficial y que necesitaba ser atendido. Un oficial ruso que se había acercado al grupo mandó preguntar al coronel si quería recibir a un oficial francés para hacerlo entrar en calor; y cuando el emisario regresó con la aquiescencia del coronel, pidieron a Ramballe que se levantase.

Éste se levantó e hizo lo posible por dar unos pasos, pero se tambaleó y habría caído si un soldado que estaba cerca no lo hubiera sostenido a tiempo.

—¿Qué? ¿No querrás volver…?— dijo un soldado, guiñando burlón el ojo.

—¡Calla, memo! ¿A qué viene eso? Bien se ve que eres un mujik, un mujik de pies a cabeza— se oyeron voces diversas reprochando la burla del soldado.

Rodearon a Ramballe y dos soldados lo levantaron enlazando las manos. Ramballe se abrazó a ellos y, mientras lo llevaban, gimoteó:


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