Guerra y Paz

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XI

Al día siguiente el comandante en jefe ofreció un banquete seguido de baile, que fue honrado con la presencia del Zar. Kutúzov había sido condecorado con la cruz de San Jorge de primera clase. El Soberano le tributaba los máximos honores, pero todos sabían que Alejandro estaba disgustado con él. Se observaban las conveniencias y el Zar daba el ejemplo; pero nadie ignoraba que el viejo era culpable y no servía para nada. Cuando Kutúzov, al entrar Alejandro en la sala de baile, ordenó poner a los pies del Soberano (según costumbre en la época de Catalina) las banderas cogidas al enemigo, el Zar frunció el ceño, contrariado, y profirió algunas palabras en las que ciertos cortesanos creyeron entender: “Viejo comediante”.

El descontento del Zar se acrecentó sobre todo en Vilna porque Kutúzov no quería o no podía comprender el sentido de la campaña inminente.

Y cuando Alejandro al día siguiente, delante de los oficiales reunidos en su palacio, dijo: “No habéis salvado sólo a Rusia, habéis salvado a Europa”, todos comprendieron que la guerra no había terminado.


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