Guerra y Paz
Guerra y Paz Pierre no había cambiado apenas en su manera de ser. Seguía siendo, aparentemente, el mismo de antes: distraído, ocupado, al parecer, no en lo que tenía delante sino en algo peculiar y suyo. La diferencia entre su estado anterior y el de ahora consistía en que antes, cuando olvidaba lo que tenía delante o lo que le decían, dolorosas arrugas surcaban su frente, como si tratara de ver y no consiguiera distinguir algo demasiado alejado de él. Ahora olvidaba también lo que tenía delante o le decían; pero fijaba su atención en lo que le decían con una imperceptible sonrisa irónica, aunque era evidente que veía y escuchaba algo absolutamente distinto. Antes parecía una buena persona, pero desgraciada; por ello la gente se alejaba de él aun sin darse cuenta. Ahora, su rostro estaba siempre iluminado por una sonrisa jubilosa y en sus ojos se transparentaba la simpatía por los hombres, la pregunta de si estaban todos tan a gusto como lo estaba él. Y los demás se encontraban siempre bien en su presencia.
Antes hablaba mucho; se acaloraba en las discusiones y escuchaba poco; ahora rara vez se apasionaba y sabía escuchar de tal manera que todos le confiaban de buen grado sus más íntimos secretos.