Guerra y Paz
Guerra y Paz En Orel vivían algunos oficiales del ejército francés, prisioneros, y un día el médico llevó a uno de ellos a casa de Pierre; era un joven italiano. Ese oficial acudía con frecuencia, y a la princesa le hacía gracia el cariño que el italiano mostraba hacia Pierre.
El oficial italiano parecía únicamente feliz cuando podía ir a casa de Pierre, conversar con él, contarle su propio pasado, su vida familiar, sus amores, y expresarle su indignación contra los franceses y especialmente contra Napoleón.
—Si todos los rusos se parecen, aunque sea un poco a usted— decía a Pierre, —c'est un sacrilège de faire la guerre à un peuple comme le vôtre.[627] Usted, que ha sufrido tanto por culpa de los franceses, no muestra ni siquiera rencor alguno contra ellos.
Si Pierre se había ganado aquel apasionado afecto del italiano era únicamente por haber despertado en él lo mejor de su alma y porque le complacía verlo.
En los últimos tiempos de su estancia en Orel recibió la visita de un viejo amigo, el conde Villarski, el mismo masón que lo había introducido en la logia en 1807. Villarski se había casado con una rusa muy rica, propietaria de grandes haciendas en la provincia de Orel, y ocupaba en la ciudad, provisionalmente, un cargo relacionado con la intendencia.