Guerra y Paz
Guerra y Paz —Natasha vino para estar conmigo— explicó la princesa MarÃa. —Los condes llegarán un dÃa de éstos. La condesa se encuentra en un estado terrible. Pero también Natasha necesitaba que un médico la viera. Han tenido que obligarla a venir.
—Apenas hay una familia que no tenga su propio dolor— dijo Pierre volviéndose a Natasha. —¿Sabe que lo de Petia sucedió el mismo dÃa que nos liberaron? Yo lo vi. ¡Qué magnÃfico muchacho!
Natasha lo miraba fijamente y, como respondiendo a esas palabras, sus ojos se iluminaron, se hicieron más grandes.
—¿Qué se puede decir o pensar como consuelo?— siguió Pierre. —Nada… ¿Por qué habÃa de morir un joven tan bueno y rebosante de vida?
—SerÃa difÃcil vivir en estos dÃas si no se tuviera fe…— dijo la princesa MarÃa.
—SÃ, sÃ, ésa es la pura verdad— la interrumpió rápidamente Pierre.
—¿Por qué?— preguntó Natasha mirándolo a los ojos con mucha atención.
—¿Cómo, por qué?— dijo la princesa. —Solamente el pensamiento de lo que nos aguarda allÃ…
Natasha, sin atender a la princesa MarÃa, siguió mirando interrogativamente a Pierre.
