Guerra y Paz
Guerra y Paz —S× contestó Pierre con su ahora habitual sonrisa de afable ironÃa. —Me atribuyen milagros con los que no he soñado siquiera. MarÃa Abrámovna me invitó a su casa para contarme todo lo que me ha sucedido o deberÃa haberme sucedido. También Stepán Stepánovich me enseñó lo que yo mismo debÃa contar. Observo, en general, que resulta muy cómodo eso de ser un hombre interesante (ahora soy un hombre interesante). Me invitan y de paso me cuentan lo que me ha ocurrido.
Natasha sonrió y quiso decir algo.
—Nos han contado— intervino la princesa— que en Moscú perdió usted dos millones de rublos. ¿Es verdad?
—Y a pesar de todo soy tres veces más rico que antes— contestó él.
Aunque el pago de las deudas de su mujer y las obras habÃan cambiado su situación, seguÃa diciendo que era tres veces más rico.
—Lo que de veras he ganado es la libertad— comenzó, ya en serio. Pero no siguió, pareciéndole que aquel tema de conversación era demasiado egoÃsta.
—¿Piensa reconstruir su casa?
—SÃ; me lo ordena Savélich.