Guerra y Paz
Guerra y Paz Más tarde Pierre había de recordar a menudo aquel tiempo de dichosa demencia. En su memoria quedaron para siempre, como algo verdadero, los juicios que en ese período hacía sobre las personas y los hechos. No sólo no renunció nunca a esos juicios sobre los hombres y los acontecimientos, sino que, al contrario, cuando se sentía atosigado por las contradicciones y las dudas, acudía al criterio que tuvo durante su demencia, y ese criterio siempre resultaba certero.
“Quizá entonces pareciera ridículo y extraño —pensaba—, pero no estaba tan loco como aparentaba. Al contrario, era más inteligente y perspicaz que nunca y comprendía todo cuanto merece la pena ser comprendido en la vida, porque… era feliz.”
La locura de Pierre consistía en que para querer a la gente no buscaba ya, como antes, razones personales que suelen llamarse cualidades. El amor rebosaba de su corazón; quería a la gente sin especial motivo y hallaba indiscutibles razones que las hacían merecedoras de su cariño.