Guerra y Paz
Guerra y Paz El movimiento de los pueblos vuelve a sus cauces. Las olas de la inmensa marea se aplacan y forman sobre la superficie del mar en calma cÃrculos por los cuales van y vienen los diplomáticos, que imaginan ser los causantes de la bonanza.
Pero, de pronto, ese mar tranquilo vuelve a encresparse. Los diplomáticos creen que el motivo de esa nueva agitación es su propio desacuerdo. Esperan que la guerra estalle entre sus soberanos; la situación les parece insoluble. Pero aquella ola, cuyo movimiento y crecida sienten, no llega de donde esperaban. Se alza la misma ola desde el mismo punto de partida donde comenzó el movimiento: desde ParÃs. Se produce el último revuelo de Occidente, un revuelo que debe resolver las dificultades diplomáticas, al parecer insolubles, y poner fin al movimiento bélico de aquel perÃodo.
El hombre que ha devastado Francia vuelve a ella solo, sin haber tramado complot alguno, sin soldados. Cualquier guarda puede detenerlo; y sin embargo, por una extraña casualidad, no sólo no lo detienen sino que todos acogen con entusiasmo al hombre que maldijeron el dÃa anterior y a quien maldecirán un mes más tarde.
Ese hombre es todavÃa necesario para justificar la última acción común.
La acción se lleva a cabo. Termina la representación. Se ordena al actor que se despoje de sus vestiduras, que se quite los afeites: no lo necesitarán más.