Guerra y Paz
Guerra y Paz —Otros diez años más de vida y dejaré a nuestros hijos en una posición excelente.
La condesa MarÃa escuchaba y comprendÃa todas sus palabras. SabÃa que cuando pensaba asà en voz alta, a veces le pedÃa que repitiera lo dicho por él y se irritaba cuando se daba cuenta que ella pensaba en otra cosa. Pero le costaba un gran esfuerzo atender, porque lo que él decÃa no le interesaba en absoluto. Contemplaba a su marido y, aun sin pensar en otra cosa, sus sentimientos eran distintos. SentÃa un tierno y sumiso amor hacia aquel hombre que nunca comprenderÃa todo lo que comprendÃa ella y, precisamente por eso, lo amaba todavÃa más, con un cariño matizado de ternura apasionada. Además de ese sentimiento, que la absorbÃa por entero y le impedÃa entrar en detalles de los proyectos de su marido, a su mente acudÃan pensamientos que nada de común tenÃan con lo que él iba diciendo; pensaba en su sobrino (lo que le contó Nikolái acerca de la emoción del muchacho durante la conversación de Pierre la habÃa impresionado mucho) y en los diversos rasgos de su carácter tierno y sensible. Y al pensar en el sobrino, pensaba también en sus hijos.
No los comparaba entre sÃ, pero comparaba sus propios sentimientos hacia ellos, y veÃa con tristeza que en su afecto por Nikóleñka faltaba algo.