Guerra y Paz
Guerra y Paz Natasha, al quedar a solas con su marido, comenzó a hablar como suelen hablar los matrimonios, es decir, comprendiendo rápida y claramente lo que pensaba cada uno y comunicándose de un modo especial, contrario a todas las leyes de la lógica: sin razonamientos, deducciones y conclusiones. Tan habituada estaba Natasha a conversar así con su marido, que la mejor prueba de que algo no iba bien entre ellos era cuando Pierre comenzaba a conversar ateniéndose a la lógica. Cuando trataba de explicarle algo hablando de manera coherente, y ella, arrastrada por el ejemplo, hacía lo mismo, sabía que terminarían riñendo.
Esta conversación, contraria a todas las reglas de la lógica, aunque sólo fuera por el hecho de que hablaban a la vez de cuestiones totalmente diferentes, había comenzado no bien se encontraron solos, cuando Natasha, muy abiertos los ojos resplandecientes de felicidad, se le acercó despacio, agarró de pronto su cabeza y la apretó contra su pecho diciendo:
—¡Ahora eres mío, todo mío y no volverás a escaparte!
Este modo de hablar simultáneamente de muchas cosas no sólo no impedía que la pareja se entendiera, sino que era el indicio más seguro de que se comprendían a la perfección.