Guerra y Paz
Guerra y Paz La historia que reniega de la antigua concepción que atribuía la sumisión de la voluntad del pueblo a un elegido, y la sumisión de esa voluntad a un designio divino, no puede dar un paso sin contradecirse si no toma uno de estos dos caminos: volver a creer en la influencia directa de la divinidad sobre las obras humanas o explicar claramente el sentido de la fuerza que origina el hecho histórico, que se llama poder.
Es imposible volver al primer camino: esa creencia ha caducado, razón por la cual es necesario explicar el significado del poder.
Napoleón ordena que se reúna el ejército y comience la guerra. Este hecho nos resulta tan habitual, tan familiar, que la pregunta “¿Por qué seiscientos mil hombres van a la guerra cuando Napoleón pronuncia esas o aquellas palabras?” nos parece absurda. Tenía el poder, y ésa es la razón de que se cumplieran sus órdenes.
He aquí una respuesta absolutamente satisfactoria, si creemos que el poder le fue otorgado por Dios. Pero, puesto que no lo admitimos, es preciso definir en qué consiste ese poder de un hombre solo sobre los demás.
