Guerra y Paz

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Cuando no comprendemos en absoluto las causas del acto, lo mismo si se trata de un crimen, de una buena obra o de una acción que nada tiene que ver con el bien o el mal, le atribuimos una mayor parte de libertad; si se trata de un crimen, pedimos más que nada el castigo; si de una buena obra, la apreciamos sobremanera. En el caso de que nada la relacione con el bien o el mal, consideramos que el acto revela individualidad, originalidad y libertad mayores. Pero si conocemos tan sólo una de las innumerables causas del hecho, admitimos cierta parte de necesidad y exigimos menos al castigo del crimen, no reconocemos tanto mérito al acto virtuoso y vemos menos libertad en el acto que nos parecía original. El hecho de que un delincuente haya crecido entre criminales disminuye su culpa. La abnegación del padre o la madre —abnegación con posibilidad de recompensa— nos resulta más comprensible que la abnegación inmotivada y, en consecuencia, nos parece menos meritoria, menos libre. Los fundadores de sectas y partidos y los inventores nos asombran menos cuando conocemos cómo y con qué medios prepararon su actividad. Si tenemos un buen número de experimentos, si nuestra observación va siempre dirigida a la búsqueda de relaciones entre causas y efectos de los actos humanos, estos actos nos parecen tanto más necesarios y tanto menos libres cuanto más certera es la relación entre causa y efecto. Si los hechos analizados son sencillos y observamos gran cantidad de ellos, nuestra idea de su necesidad será todavía más completa. El acto deshonroso del hijo de un padre deshonesto, la desvergonzada conducta de una mujer en un determinado ambiente, la recaída de un borracho en la embriaguez, etcétera, son actos que nos parecen tanto menos libres cuanto mejor comprendemos sus causas. Y si ese hombre cuyos actos analizamos está en el ínfimo estadio de la evolución, como un niño, un loco o un imbécil, al conocer las causas del acto y la simplicidad de su carácter y mentalidad conocemos ya tal abundancia de necesidad y tan poca libertad, que tan pronto como conocemos la causa que origina el acto podemos pronosticarlo.


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