Guerra y Paz
Guerra y Paz Mario Muchnik
Para Elisa
Prolegómenos
Fue un mediodÃa, en nuestro comedor de la calle Ayacucho, número 1822, en pleno barrio Norte de Buenos Aires, cuando mis padres tuvieron una conversación crucial en mi presencia.
—Yo creo que el chico ya está maduro para La guerra y la paz— dijo mi madre.
—Hmmm…— dijo mi padre, cuya opinión sobre las inclinaciones literarias de sus dos hijos favorecÃa claramente a mi hermana menor, Nora. —Hmmm… ¿Vos creés?
—Está leyendo un montón de libritos sobre temas cientÃficos, Cazadores de microbios, la biografÃa de madame Curie, qué sé yo. Es hora de que se enfrente con algo más serio. Yo creo que ya es un grandulón y tendrÃa que probar.
—Si me dijeras Nora, sÃ, aunque sólo tiene siete años. Yo veo cómo se divierte con las obras de Moliere, que leemos juntos cada noche. Mario no tiene paciencia, le gustan los aviones…
Siguió un silencio que interpreté correctamente: mi madre se saldrÃa con la suya y yo tendrÃa que hacer frente a los siete tomos de la novela de Tolstói. A mis catorce años.
