Guerra y Paz
Guerra y Paz Aquella misma noche, en la habitación de DenÃsov, los oficiales del escuadrón discutÃan animadamente.
—Pues yo le digo, Rostov, que debe presentar sus excusas al coronel— dijo un capitán segundo de caballerÃa a Rostov, que estaba rojo como la grana y nervioso.
Este capitán segundo era Kirsten, hombre muy alto, de cabellos canosos, enormes bigotes y facciones muy acentuadas en un rostro lleno de arrugas. Dos veces degradado por cuestiones de honor, las dos veces habÃa recobrado las charreteras.
—¡No permitiré que nadie me diga que miento!— gritó Rostov. —Me ha llamado embustero y yo le dije que el embustero era él. Asà quedarán las cosas. Puedo ponerme de servicio todos los dÃas, arrestarme, pero nadie me obligará a pedirle excusas, porque si él, como jefe de regimiento, considera indigno darme satisfacción, entonces…
—Veamos, amigo, espere… escuche— lo interrumpió el capitán con voz de bajo, acariciándose tranquilamente los largos bigotes. —Delante de otros oficiales le dice al coronel que un oficial ha robado…
