Guerra y Paz
Guerra y Paz Perseguido por un ejército francés de cien mil hombres al mando de Bonaparte, moviéndose en un país hostil, falto de confianza en sus aliados tanto como de provisiones, constreñido a obrar fuera de todo lo previsto para la guerra, el ejército de treinta mil rusos, mandado por Kutúzov, retrocedía rápidamente por las márgenes del Danubio, deteniéndose cuando lo alcanzaba el enemigo y defendiéndose con combates de retaguardia sólo lo necesario para evitar la pérdida del bagaje. Se habían producido encuentros en Lambach, Amstetten y Mölk; y a pesar del valor y la firmeza demostrados por los rusos y reconocidos hasta por el enemigo, el resultado se traducía en una retirada cada vez más rápida. Las tropas austríacas que habían escapado a la capitulación de Ulm y se unieran a Kutúzov en Braunau se habían separado del ejército ruso, y Kutúzov disponía tan sólo de sus propias fuerzas, débiles y exhaustas. Era imposible pensar en la defensa de Viena. En vez de una guerra ofensiva, concebida según las leyes de la nueva ciencia —la estrategia— y cuyo plan había sido presentado a Kutúzov durante su estancia en Viena por el Consejo Superior de Guerra austríaco, el único objetivo, ya casi inasequible, que ahora se le ofrecía a Kutúzov consistía en no perder su ejército, como Mack en Ulm, y reunirse con las tropas que venían de Rusia.
