Guerra y Paz
Guerra y Paz Anna Pávlovna, sonriendo, prometió ocuparse de Pierre, quien, como ella sabÃa, era pariente del prÃncipe Vasili por lÃnea paterna.
La señora de mediana edad sentada junto a ma tante se levantó rápidamente y fue al encuentro del prÃncipe Vasili, alcanzándolo en el vestÃbulo. Su rostro no expresaba ahora la simulación de un interés inexistente: aquella faz bondadosa, en la cual habÃan dejado su huella las lágrimas, denotaba tan sólo inquietud y temor.
—PrÃncipe, ¿qué me dice de mi BorÃs?— le preguntó cuando estuvo cerca (pronunciaba BorÃs con un especial acento sobre la o). —No puedo permanecer más tiempo en San Petersburgo. DÃgame qué noticias puedo llevar a mi pobre hijo.
Aunque el prÃncipe Vasili la escuchaba forzadamente, casi con descortesÃa, dando muestras de impaciencia la señora le sonreÃa con ternura y de modo conmovedor. Lo sujetaba del brazo, como para evitar que se marchase.
—BastarÃa una palabra suya al Emperador para que mi hijo entrara de inmediato en la Guardia.
—Créame que haré todo lo posible, princesa— respondió el prÃncipe Vasili, —pero me resulta difÃcil pedÃrselo al Emperador; le aconsejarÃa que se dirigiera a Rumiántsev por medio del prÃncipe Golitsin; eso será lo más sensato.
