Guerra y Paz
Guerra y Paz Cuando entró la princesa MarÃa, el prÃncipe Vasili estaba sentado, cruzadas sus largas piernas y con la tabaquera en la mano; una sonrisa enternecida brillaba en su rostro y parecÃa muy conmovido; como si lamentase y se burlase de su propia sensibilidad, se llevó a la nariz una pizca de tabaco.
—Ah, ma bonne, ma bonne!— dijo levantándose y tomando las manos de la princesa. Después suspiró y añadió: —Le sort de mon fils est en vos mains. Décidez, ma bonne, ma chère, ma douce Marie, que j’ai toujours aimée comme ma filie.[221]
Se separó de ella. Una lágrima verdadera se asomó a sus ojos.
—¡Fr…, fr…!— refunfuñó el prÃncipe Nikolái Andréievich. —El prÃncipe te pide para esposa de su educando… de su hijo… ¿Quieres ser la esposa del prÃncipe Anatole Kuraguin, sà o no?— y repitió gritando: —Di sà o no. Yo me reservo el derecho de expresar después mi opinión. SÃ, mi opinión y nada más— añadió el prÃncipe Nikolái Andréievich dirigiéndose al prÃncipe Vasili en respuesta a su expresión suplicante. —¿Sà o no?
—Mi deseo, mon père, es no abandonarlo nunca, no separar mi vida de la suya. No quiero casarme— dijo la princesa MarÃa resueltamente, mirando con sus bellos ojos al prÃncipe Vasili y a su padre.