Guerra y Paz
Guerra y Paz —No, no estuve; pero mire lo que he pensado y de ello quiero hablarle: ahora estamos en guerra contra Napoleón; si se tratara de una guerra por la libertad, lo comprenderÃa y serÃa el primero en alistarme; pero ayudar a Inglaterra y Austria contra el hombre más grande del mundo… no está bien.
El prÃncipe Andréi se limitó a encogerse de hombros ante las infantiles palabras de Pierre; querÃa darle a entender que a semejante necedad no se podÃa responder. En realidad era difÃcil responder de otra manera a tan ingenua opinión.
—Si todos hicieran las guerras sólo por convicción, no habrÃa guerras.
—¡Y eso serÃa admirable!— replicó Pierre.
El prÃncipe Andréi sonrió.
—SÃ, es posible que fuera admirable, pero no ocurrirá jamás…
—DÃgame— preguntó Pierre, —¿por qué va usted a la guerra?
—¿Por qué? No lo sé. Es necesario. Además, voy…— se detuvo un instante y prosiguió: —¡Voy porque la vida que llevo aquà no me gusta!