Guerra y Paz
Guerra y Paz A las ocho, Kutúzov entraba a caballo en Pratzen, a la cabeza de la cuarta columna de Milorádovich, que debía reemplazar las columnas de Prebyzhevsky y Langeron, que ya habían descendido al llano. Saludó a los soldados del primer regimiento y dio órdenes de iniciar la marcha, dando así muestras de que tenía intención de conducir por sí mismo aquella columna. Al llegar a la aldea de Pratzen se detuvo. El príncipe Andréi estaba detrás del comandante en jefe, entre el gran número de personas de su séquito. Bolkonski se sentía conmovido, excitado y, al mismo tiempo, resuelto y tranquilo, como el hombre que ve llegar un momento hace tiempo esperado. Estaba firmemente convencido de que aquel día sería su Toulon o su Puente de Arcola. No sabía cómo iba a suceder, pero estaba convencido de que ocurriría así. Conocía el terreno y la disposición de las tropas, es decir, todo lo que de eso podía saberse en el ejército ruso. Había olvidado su propio plan estratégico (que ahora no podía pensar en poner en práctica) y, adaptándose al plan de Weyrother, reflexionaba sobre las eventualidades que pudieran surgir y que hiciesen necesarias sus rápidas decisiones y su energía.
