Guerra y Paz
Guerra y Paz —¿El enemigo?… ¡No!… No es posible… Sí, mire… seguramente… ¿Qué significa esto?— gritaron varias voces.
El príncipe Andréi vio a simple vista, a la derecha, una numerosa columna enemiga que se dirigía hacia el regimiento de Apsheron, apenas a quinientos pasos del lugar en que se hallaba Kutúzov.
“¡Ha llegado el momento decisivo! ¡Ésta es mi hora!”, pensó Bolkonski, y, espoleando su caballo, se acercó a Kutúzov.
—Es necesario detener al regimiento de Apsheron, Excelencia.
Pero en aquel momento todo allá abajo quedó oculto por el humo de la fusilería; los disparos llegaban de lugares muy cercanos y una ingenua y asustada voz gritó a dos pasos del príncipe Andréi: “¡Se acabó, hermanos, estamos copados!” Se habría dicho que aquella voz era una orden. Todos echaron a correr.