Guerra y Paz
Guerra y Paz —Y bien, comencemos— dijo Dólojov.
—Por mÃ…— dijo Pierre, siempre con la misma sonrisa.
La situación inspiraba temor. Aquello, que habÃa empezado con tanta facilidad, ya no podÃa detenerse, seguÃa adelante, por sà mismo, independientemente de la voluntad de los hombres, y debÃa llegar a su término. DenÃsov fue el primero en adelantarse a la lÃnea.
—Como los adversarios se niegan a una reconciliación— dijo, —podemos comenzar: tomen las pistolas y, a la voz de tres, vayan acercándose. ¡Uno!… ¡Dos!… ¡Tres!— gritó después con irritación, y se hizo a un lado.
Los dos rivales avanzaron por el sendero de nieve pisada, viendo dibujarse entre la niebla la figura del contrario. Durante su avance hacia la barrera podÃan disparar cuando quisieran.
Dólojov iba despacio, sin levantar la pistola. Miraba fijamente hacia el rostro del adversario con sus ojos azules, claros y brillantes; en su boca, como siempre, aparecÃa algo semejante a una sonrisa.