Guerra y Paz

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VIII

—Ma bonne amie— dijo la pequeña princesa la mañana del 19 de marzo, después del desayuno; y su labio, sombreado de pelusa, se levantó como siempre; pero como en la casa, después de la terrible noticia, todo era triste, hasta la sonrisa de la pequeña princesa (que sin saber nada se encontraba bajo la influencia del ambiente general) era tan melancólica que acrecentaba todavía más el dolor de todos. —Ma bonne amie, je crains que le “fruschtique” (comme dit Foka, el cocinero) de ce matin ne m'aie pas fait du mal.[250]

—¿Qué te ocurre, Lisa? Estás pálida, muy pálida— dijo asustada la princesa María, corriendo pesadamente hacia su cuñada.

—Excelencia, ¿no convendría llamar a María Bogdánovna?— preguntó una de las doncellas que se encontraba en la estancia.

María Bogdánovna era la comadrona de la cabeza de distrito; desde hacía dos semanas vivía en Lisie-Gori.

—En efecto— aprobó la princesa María. —Puede que sea eso. Voy a avisarle. Courage, mon ange![251]— besó a Lisa y quiso salir de la habitación.

—¡Oh, no, no!— además de la palidez, en el rostro de Lisa apareció el miedo infantil a los dolores físicos inevitables. —Non, c'est l'estomac… Dites que c'est l'estomac, dites, Marie, dites…[252]


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