Guerra y Paz
Guerra y Paz Durante los dos días siguientes Rostov no vio a Dólojov en su casa ni lo encontró en la de su madre. Al tercer día recibió esta nota:
“Como no tengo intención de volver a tu casa por las causas que ya sabes y debo incorporarme al regimiento, te ruego que vengas esta noche al hotel Inglaterra, donde doy una cena de despedida a mis amigos.”
A las diez de la noche, después del teatro, donde había ido con los suyos y con Denísov, Nikolái se dirigió al hotel Inglaterra. En seguida lo hicieron pasar a la mejor sala del hotel, reservada aquella noche por Dólojov.
Una veintena de personas se agolpaban en torno a una mesa; Dólojov, entre dos candelabros, tenía la banca. Sobre la mesa había monedas de oro y billetes de banco. Después de la negativa de Sonia, Nikolái no había visto a su amigo y se sentía embarazado al pensar en ese encuentro.
La mirada fría y clara de Dólojov sorprendió a Rostov junto a la puerta. Se diría que lo esperaba hacía tiempo.
—Hace mucho que no nos vemos— dijo. —Te agradezco que hayas venido. Termino esta partida y en seguida vendrá Iliushka con su coro.
—Estuve en tu casa— dijo Rostov ruborizándose.
Dólojov no respondió.
—Puedes jugar, si quieres— dijo después.