Guerra y Paz
Guerra y Paz —¿Cómo? ¿A quién?… ¡Bromeas!— exclamó el conde. Su cuello y la nuca enrojecieron súbitamente, como suele ocurrir con los viejos.
—He prometido pagar mañana— añadió Nikolái.
—¡Ya!…— dijo el conde, abriendo los brazos y dejándose caer sin fuerzas en el diván.
—¡Qué le vamos a hacer! ¡Le puede ocurrir a cualquiera!— dijo Nikolái en tono desenvuelto, mientras en su interior se llamaba vil e infame, diciéndose que por nada del mundo podrÃa perdonarse aquel crimen. HabrÃa querido besar las manos de su padre, pedirle perdón de rodillas, y en vez de eso decÃa con desparpajo y hasta groserÃa que a cualquiera le puede ocurrir.
El conde Iliá Andréievich bajó los ojos al oÃr estas palabras de su hijo y, con prisa, como si buscara algo, dijo:
—SÃ, sÃ, será difÃcil… me temo que será muy difÃcil reunir… ese dinero… a cualquiera le puede ocurrir— y, lanzando una furtiva mirada al rostro de su hijo, se dirigió a la puerta…
Nikolái estaba dispuesto a defenderse, esperaba reproches, pero no eso.
—¡PapaÃto! ¡PapaÃto!— gritó sollozando. —¡Perdóneme!
Y asiendo la mano de su padre, cuando él se disponÃa a salir, la apretó contra sus labios y rompió a llorar.