Guerra y Paz
Guerra y Paz Al día siguiente Rostov despedía a Denísov, que no quiso detenerse en Moscú ni un día más. Todos los amigos acudieron a despedirlo con una fiesta de zíngaros, y ni se dio cuenta de cómo lo llevaron al trineo y cómo recorrió el camino hasta la tercera posta.
Después de la marcha de Denísov, Rostov permaneció todavía dos semanas en Moscú, esperando el dinero que el viejo conde no pudo reunir antes; no salía de casa y pasaba casi todo el tiempo en la habitación de las jóvenes.
Sonia se mostraba con él más tierna y enamorada que nunca. Parecía querer demostrarle que su desgracia en el juego había sido un acto heroico y que eso aumentaba su amor. Pero ahora Nikolái se juzgaba indigno de ella.
Llenó de versos y notas de música los álbumes de las jóvenes, y sin despedirse de ninguna de sus amistades, una vez que hubo enviado los cuarenta y tres mil rublos a Dólojov y con el recibo en su poder, partió a fines de noviembre para alcanzar su regimiento, que ya estaba en Polonia.