Guerra y Paz
Guerra y Paz El día 4 recibe el primer correo de San Petersburgo. Las valijas son trasladadas al despacho del mariscal, porque a éste le gusta hacerlo todo por sí mismo. Me llama para que lo ayude a clasificar las cartas y apartar las que nos están destinadas. El mariscal nos mira mientras lo hacemos y espera los sobres que lleven su nombre. Buscamos, pero no hay nada: el mariscal comienza a impacientarse; se mete él mismo en faena y encuentra algunas cartas del Emperador, dirigidas al conde T., al príncipe V. y otros. Entonces, el mariscal monta en cólera, echa fuego y chispas contra todos; se apodera de las cartas, las abre y lee lo que el Emperador ha escrito a otros. Y acto seguido escribe la famosa orden del día al general Bennigsen:
«Estoy herido y no puedo montar a caballo; no puedo, pues, mandar el ejército. Usted ha traído su Cuerpo de Ejército destrozado a Pultusk, donde se encuentra al descubierto, sin leña ni forraje. Por tanto hay que ayudar, y tal como usted mismo expuso ayer al conde Buxhöwden, es necesario pensar en la retirada hacia nuestras fronteras, objetivo que debe emprenderse hoy mismo.»