Guerra y Paz
Guerra y Paz El conjunto de las edificaciones en la residencia señorial comprendÃa el granero, los pabellones para el servicio, las caballerizas, el baño y una gran casa de piedra, de fachada curva, todavÃa sin terminar. Un jardÃn recientemente plantado rodeaba la casa. La valla y la puerta principal eran fuertes y nuevas. Bajo un cobertizo habÃa dos bombas contra incendios y un barril pintado de verde. Los caminos eran rectos, los puentes sólidos y con barandillas bien hechas: en todo se advertÃa orden y esmero. Cuando Pierre preguntó dónde vivÃa el señor, los criados le mostraron un pequeño pabellón muy nuevo, construido al borde del estanque. Antón, el viejo ayo del prÃncipe Andréi, ayudó a Pierre a descender del coche, lo informó de que el prÃncipe se hallaba en casa y lo condujo hasta la pequeña y limpia antecámara.
Pierre quedó sorprendido por la modestia de la casa —pequeña y aseada— al recordar el ambiente lujoso donde habÃa visto la última vez a su amigo en San Petersburgo. Entró rápidamente en la salita, todavÃa sin enlucir, que olÃa a pino, y quiso seguir adelante, pero Antón, de puntillas, se le adelantó y llamó a la puerta.
—¿Qué hay?— preguntó desde dentro una voz brusca y desagradable.
—Una visita— contestó Antón.
—Que espere, por favor— dijo la voz.