Guerra y Paz
Guerra y Paz —SÃ, ma chère— dijo el viejo conde volviéndose hacia la visitante y señalando a su hijo Nikolái. —Su amigo BorÃs ha sido promovido a oficial y, por amistad, no quiere ser menos que él. Abandona la Universidad, deja solo a este viejo y se va al ejército, ma chère. Y eso cuando su nombramiento para la Dirección de los archivos ya estaba ultimado. ¿No es eso amistad?— preguntó el conde.
—Se dice que ya ha sido declarada la guerra— comentó la dama.
—SÃ, eso se dice desde hace tiempo— replicó el conde, —se dice, se dice, y después las cosas quedan siempre igual. Ma chère; eso sà que es amistad— repitió. —Va a ser húsar.
La visitante, no sabiendo qué decir, asintió con la cabeza.
—No lo hago por amistad— exclamó Nikolái poniéndose colorado y defendiéndose como si fuese objeto de una vergonzosa calumnia. —No es por amistad; lo hago porque siento vocación por el servicio de las armas.
Se volvió hacia su prima y la hija de la visitante; ambas lo miraban con una sonrisa de aprobación.
—Hoy come con nosotros Schubert, el coronel del regimiento de húsares de Pavlograd. Estaba aquà con permiso y se lo lleva consigo. ¿Qué puedo hacer?— dijo el conde encogiéndose de hombros y tomando a broma algo que le ocasionaba verdadero dolor.