Guerra y Paz

Guerra y Paz

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Lo conocía de cuando todavía era un niño y ahora su amistad con Andréi, su infortunio conyugal y, sobre todo, su expresión bondadosa y sencilla la predisponían a su favor. María lo miraba con sus bellos ojos radiantes y parecía decirle: “Lo aprecio mucho, pero, por favor, no se ría de los míos”. Después de las primeras frases de saludo se sentaron.

—¡Ah! También está aquí Ivánushka— dijo el príncipe Andréi, señalando al joven peregrino.

—¡André!— dijo la princesa con voz suplicante.

—Il faut que vous sachiez que c'est une femme[278]— dijo Andréi a Pierre.

—André, au nom de Dieu!— repitió la princesa.

La actitud irónica del príncipe Andréi frente a los peregrinos y la inútil defensa que hacía de ellos su hermana demostraban que semejante polémica era habitual entre ellos.

—Mais, ma bonne amie— dijo el príncipe Andréi, —vous devriez au contraire m'être reconnaissante de ce que j'explique à Pierre votre intimité avec ce jeune homme.[279]

—Vraiment?[280]— preguntó Pierre con seria curiosidad (por la cual le quedó especialmente agradecida la princesa). Y a través de los lentes miró el rostro de Ivánushka, quien, comprendiendo que se hablaba de él, se volvió hacia ellos mirando a todos con ojos maliciosos.


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