Guerra y Paz
Guerra y Paz —¡Padrecito! ¿Qué dices?— exclamó asustada Pelágueiushka, volviéndose a la princesa en demanda de ayuda.
—Así es como engañan al pueblo— añadió Pierre.
—¡Jesús! ¡Señor!— se santiguó la peregrina. —No digas eso, padrecito. Así le pasó a un general que no temía a Dios y dijo una vez: “Los monjes engañan”, y nada más decirlo se quedó ciego. Y en sueños vio a la Virgen santa de Pechersk, que se le acercaba y le decía: “Cree en mí y te curaré”. Entonces empezó a pedir que lo llevaran a ella. Es verdad: lo vi yo misma. Guiaron al ciego a la imagen; se acercó, cayó de rodillas y dijo: “Cúrame y te daré todo lo que el Zar me ha concedido”. Lo vi yo misma, padrecito: de repente, en la imagen apareció incrustada una estrella y el ciego recobró la vista. Es un pecado hablar así y Dios lo castiga— dijo a Pierre en tono doctrinal.
—¿Y cómo pudo la estrella pasar a la santa imagen?— preguntó Pierre.
—Habrán ascendido a la Virgen a general— comentó sonriendo el príncipe Andréi.
Pelágueiushka palideció y, de pronto, alzó los brazos al cielo: